Monthly Archives: enero 2015

27Ene/15

Las emociones que solo yo siento

No recuerdo cuando nací, creo que hace poco tiempo, o tal vez mucho, no sé. Pero creo que tengo conciencia de lo que hago desde hace poco. Sé que sé algunas cosas, de algunas no me acuerdo… Lo que sí sé es que yo siento muchas emociones diferentes.

Cuando nací no debía tener conciencia de lo que me rodeaba, sentía cosas agradables y desagradables, frío, calor, confort, ganas de llorar y de reír. Me acuerdo de mis amigos, de una casa inmensa en la montaña, con muchos animales y con unos señores que nos recibían. Me llevan a la casa de esos señores mis padres, son altos y guapos. Nos lo pasamos bien. Intento recordar las caras de mis padres y no puedo, a veces sí que creo que los veo pero desaparecen pronto. De lo que sí siento una sensación agradable es de una melodía que alguien me cantaba, o me cantan, no lo sé, y pienso en mis hermanos… Por cierto, no recuerdo sus caras, si su olor… ¿Y dónde están?

A veces estoy pensando en los juguetes y de repente desaparece de mi mente ese pensamiento, quiero volver a pensar y no recuerdo que quiero pensar. Entonces me pongo nervioso, me siento solo y tengo pánico. No me encontrará nadie, todo está vacío y se me nubla la vista. Casi desaparece la luz y solo tengo ganas de salir a caminar, probar de abrir las puertas y buscar a los niños con los que juego siempre.

Ahora estoy seguro de que he estado en el mar, en la playa y estirado al sol mientras que una niña… que se llama… Maribel me dice al oído que le coja la toalla a mi hermano para tirarla al agua. Maribel dice que mi hermano es feo… Yo creo que a ella le gusta él.

Tengo la idea de que esta señora que me coge de la mano y me lleva detrás de ella es o mi madre o mi novia. Intento recordar su nombre y no puedo. Yo quiero guardar mis manos en los bolsillos de mi chaqueta. Me da vergüenza ver tantas personas alrededor mío. Es como una fiesta, todo el mundo me mira y aplauden… ¿Por qué lo harán?. Una chica me acaba de abrazar y dar un beso. Huele muy bien. Me ha llamado: Papa, no lo entiendo. Yo creo que ella es mi hermana y que a veces se chiva de cosas mías a mi madre. Bueno, lástima, no es nadie que sea de mi familia. Espera, espera, creo que sé quien es, es alguien muy cercano a mí, su olor, sus palabras, el beso y el abrazo me produce un estado de ánimo agradable, no sé como se llama pero creo que es mi… hija… o mi hermana. Es igual, he visto una cara que me ha sobresaltado, la reconozco, sí, estoy seguro de que siempre ha sido mi amigo, sé que lo aprecio, creo que hemos estudiado juntos, pero ¿qué hemos estudiado? ¿Soy tan mayor como para haber estudiado?

Y ¿por qué aplauden tanto? Los miro e intento saber qué hago aquí. Bueno, no me importa pues me siento bien…

¡Vaya!, esa señora que o es mi hermana o mi novia me dice que me quiere. Ahora se dirige y habla a todos los que han venido a la fiesta. Habla del Alzheimer, se ve que es una enfermedad que tengo y de la que siempre oigo hablar. Y dice algo como que estas personas están aquí por mi, por Pasqual Maragall.

En homenaje a mi padre que me ha servido de modelo para describir cómo se podía sentir Pasqual Maragall el día 22 de septiembre de 2014 en el encuentro de voluntarios del estudio alfa para la detección precoz y la prevención del Alzheimer de la Fundación Pasqual Maragall contra el Alzheimer.

Pasqual Maragall:.,”@#~

Félix Eroles

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21Ene/15

La escritura de las emociones I: el diario personal

Manuscrito colección Wellcome Library

Manuscrito colección Wellcome Library

Muchas personas recurren, sin habérselo planteado previamente, a la escritura de las emociones. Es en la adolescencia cuando quizás más se practica esta modalidad de escritura a través de un diario personal: el caudal de vivencias y emociones adolescentes necesita en muchas ocasiones ser traducido a palabras. El adolescente no será consciente, en la mayoría de las veces, que está desarrollando una actividad capaz de sanarle; como máximo, dirá que escribe para “desahogarse”, que no es otra cosa que decir que se escribe para hacer catarsis.
Una de las maneras más sencillas y accesibles de aplicar la escritura terapéutica o escritura de las emociones es justamente el diario personal, ya que la aventura de profundizar en nuestro interior sólo requiere de una libreta y un bolígrafo. No hay, pues, terapia más económica.

El poder del diario no se limita a funcionar como catarsis emocional en el momento de escribir y, por lo tanto, de liberar emociones perturbadoras, sino que sirve también para poder reflexionar, con la distancia necesaria, sobre lo escrito. Así, el paso siguiente consiste en revisitar las emociones que han aparecido en el proceso de escritura, identificarlas y decidir si es conveniente hacer algo más con ellas (terapia, cambios en nuestra manera de afrontarlas, etc.).

El proceso de escritura de un diario no varía demasiado de una a otra situación. Si su objetivo es, por ejemplo, trabajar algún acontecimiento traumático o perturbador, se pueden seguir estos sencillos pasos:

elige la vivencia o la situación angustiosa que desees abordar; dedica unos quince o veinte minutos diarios, durante como mínimo una semana, a escribir sobre ello (asegúrate de disponer de un espacio y un tiempo donde no puedas ser interrumpido/a ni molestado/a); deja pasar unos días y revisa lo escrito con la calma que proporciona el alejamiento de lo narrado. Reflexiona sobre lo que puedes hacer al respecto e intenta elaborar un relato mental de lo sucedido. Ser capaz de distanciarse de sucesos vividos con una alta carga emocional implica no sufrirlos de la misma manera.

Igualmente, si se desea iniciar la redacción a largo plazo de un diario, habrá que reservarse un espacio diario para escribir e intentar hacerlo regularmente. Este proceso de autoanálisis permitirá un conocimiento más profundo de nuestra personalidad y saber a qué responde cada una de nuestras actitudes, lo cual nos ayudará a encarar de manera más armónica y racional nuestro futuro.

Para concluir, hay que recordar que no es necesario guardar para siempre el diario ni volver a él una y otra vez; es más, después de cumplida su función, puede destruirse si así se prefiere. Si todo ha ido bien, se habrá conseguido disminuir el peso de las vivencias sobre las que se ha escrito y ya no nos perturbarán de la misma manera.

Gemma Nadal

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13Ene/15

La mujer de las mil caras. Infografía.

Cinco días a la semana Lucía trabaja en una escuela. A ella le encanta ser maestra y con su voz cantarina encandila a los niños. Cuando los jueves sale del colegio, Lucía asiste como voluntaria a un grupo de duelo. Entonces, consciente de la situación por la que pasan estas personas, cuida mucho sus palabras y la modulación de la voz. Los fines de semana Lucía y Mario pasean por el parque. Ajenos al resto del mundo hablan de todo un poco sin reserva alguna. Sinceridad que no tiene cabida el cuarto domingo de cada mes, cuando comen con la familia de Mario. Durante tres horas ambos derrochan formalismo a fin de que no se descubra lo poco que soportan al resto de comensales. Y cada noche, cuando nuestra protagonista se duerme, ha sido todas estas Lucías y muchas otras más.

A partir de lo que hoy os he contado habéis conocido un poco a Lucía. Ahora bien, escuchándola hablar hubierais descubierto lo mismo e incluso más. De hecho, habríais vivido una experiencia única porque Lucía, al igual que cualquiera de nosotros, es un ser irrepetible en parte gracias a su voz.

En la construcción de la identidad la voz tiene un papel muy destacado por dos motivos principales. En primer lugar, no existen dos voces iguales por mucho que se parezcan. En segundo lugar, la voz nos permite mostrar u ocultar al mundo todo lo que alberga nuestro interior. Si unimos ambas ideas, obtendremos la clave para trabajar en nuestra individualidad de forma plena. Así pues, os invito a crear y disfrutar de vuestra identidad siendo ahora ya conscientes de que, en las mil situaciones que viváis, vuestra voz será solo una.

Voz e identidad-Infografía

Elisabet Gimeno

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